domingo, julio 23, 2006

12 de Julio

Todavía no sé lo que es dormir... Todavía no sé lo que es sentir alivio... Todavía no sé lo que es perdonar... Y así, ya han pasado 9 años.

Cuando ocurrió, yo tenía 17 años. Era una edad muy impresionable pero que a pesar de la inexperiencia, la sangre llama a madurar. Nunca me he olvidado de aquello y nunca he podido dejar de pensar en lo que ocurrió.

Los antecedentes de esta historia, se remontan a varios años antes, concretamente 4 años que fue cuando entré en primero de BUP. Yo vasco y español o más bien, un niño preadolescente que venía de una familia roja marcada por su miedo al anterior régimen, pensaba que "el entorno etarra" no existía... que todos los éramos iguales y que tal vez nos faltaba algo de dialogo o de perspectiva pero, ¡qué equivocado estaba! La realidad es que el germen del odio estaba en nosotros y que ese era lo único que daba sentido a nuestras vidas. Unos eran los españolistas, otros los llamados patriotas vascos y el resto, aquellos que preferían mirar a otro lado. Y yo lo tuve claro, yo no podía circunscribirme a un grupo tan sectario, a un grupo que sólo potenciaba la superioridad sobre el resto, un grupo que se basaba en mentiras históricas y en una fe mantenida por asesinos.

Ya comprobé en el instituto que los fascistas existían y estaban a nuestro alrededor, pero aun así, consideraba que con el dialogo todos podíamos convivir. ¡Qué error! Debe ser cosa de la inexperiencia.

Empecé a relacionarme con el PP del País Vasco a los 15 años y con 17 ya me postulaba para ser cargo, concejal o lo que fuera. ¡Teníamos que arreglar el problema con valentía! A pesar de los problemas que me causaba el "entorno", no me amilané, hasta que llegó ese día.

El día 10 de Julio del 97, yo temblaba... no lo entendí. ¿Cuál era el objetivo que buscaban? Asustar, intimidar, realizar una machada... Porque era imposible tanto moral como técnicamente hacer cumplir sus exigencias.

El día 11 de Julio del 97, yo lloraba... porque sólo por un año, podría haber sido yo. Fue un acto cobarde y máxime cuando miré a mi madre y ella sabía que podía haber sido su hijo si hubiera contado con la edad suficiente o alguien cercano a ella. Recuerdo ese sábado porque no dormí. Estaba viendo la serie "Navarro" de TVE1 y el canal, al igual que los otros, mostraba el lazo azul en la esquina de la pantalla del televisor. Era un recordatorio muy claro y sólo deseaba que él no fuera consciente de nada. Que se hubiera confundido con la nada, que flotara en un río de blanca morfina...

El día 12 de Julio del 97, yo era incrédulo que lo mataran. Pensaba que se darían cuenta del enorme dolor y la repercusión que estaba teniendo tan terrible acto de chantaje. Una hora y cuarto después del ultimátum, se me cortó la respiración porque confirmaron la terrible noticia. Lloré pero era un llanto apagado, era un llanto amargo, era una reacción ante un acto de barbarie tal que si no fuera porque lo viví con los míos, sería increíble de vivir. Nunca podré explicarlo porque no hay nada que pueda hallar la razón por la cual el ser humano hace tal cosa.

El día 13 de Julio del 97, no fue lo mismo, y desde entonces, nunca nada fue lo mismo. Me robaron mi humanidad, mi posibilidad de perdón, de clemencia, de empatía, de tratarlos como seres humanos. Cuando en las fechas que continuaron ese asesinato, paseaba por Vitoria-Gasteiz, veía gente con lazos negros, veía a gente manifestarse enfrente de la sede de HB, veía como esos fascistas tenían que ser escoltados por la Ertzaintza cuando días antes todavía seguían llamándoles txakurras y zipaios. ¿Dónde estuvo esa gente antes, en los anteriores asesinatos? Nunca lo supe. Esa fue y es mi acusación, ¿dónde estaban? ¿Dónde miraron cuando mataron a Fabio? ¿Dónde miraron cuando Hipercor? Desde entonces, para mí, hay tres sociedades, los míos, ellos y los que siempre miraron a otro lado, tan culpables como los segundos. No en grado pero sí indirectamente. El problema no es el mal, no son ellos en exclusiva, sino los que no hicieron nada para remediarlo o miraron a otro sitio porque era más cómodo.

Desde entonces, nunca quise saber nada. Marginé a ese "entorno" y a parte de esa sociedad que no quería hacer nada.

En el 97, yo había cambiado de instituto y yo veía con frecuencia a Fernando Buesa, y aunque no era de mi partido, era de los míos. Él también creía en la libertad y fatalmente lo asesinaron enfrente de lo que fue mi antiguo instituto.

Actualmente, cuando vuelvo por Vitoria-Gasteiz, siempre me acerco a su monumento, siempre me acuerdo de los que se alegraron y de los que se apenaron por su muerte. Desde entonces, ha habido más muertos, pero son los cercanos los que te marcan más.

Me faltaba el aire, me faltaba la libertad, me faltaba un futuro sin sangre. Desde entonces, no dormí más, porque al buscar ese futuro, dejé la lucha directa con mis compañeros. Creo que fue el acto más cobarde de mi vida y a la vez el más egoísta.

Desde que se declaró la Tregua, he estado pensando en todas las victimas y en sus familias. La madre de Fabio por ejemplo, la familia de Blanco y tantos y tantos que no pudieron rehacer sus vidas después de ello.

Por tanto, ni perdono, ni olvido, ni duermo, ni siento ningún sentimiento de compasión por los terroristas y su entorno...

Hoy, no me hubiera ido de Euskadi. Me hubiera quedado y si me hubieran matado, hubiera tenido sentido. No es patriotismo, no es ideas políticas, es un acto de moral, de justifica, de algo que muy superior a nosotros, el establecimiento de un estado completo de derecho. No admitiré sustituir el régimen de Franco por un régimen de ellos.

Por todo ello, os dejaré con el poema de Blas de Otero, "Me queda la Palabra":

EN EL PRINCIPIO

Si he perdido la vida, el tiempo, todo

lo que tiré, como un anillo, al agua,

si he perdido la voz en la maleza,

me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo

lo que era mío y resultó ser nada,

si he segado las sombras en silencio,

me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro

puro y terrible de mi patria,

si abrí los labios hasta desgarrármelos,

me queda la palabra.

P.d.: Guztioei gogoan zaitugu